miércoles, 10 de febrero de 2010

Arroyo de Sangre.


Les voy a platicar una historia que no había contado nunca antes. Había un enfermo de Siliconosis y Tuberculosis que yo utilizaba como ejemplo cuando daba clases, lo atendía en el hospital. Y en una ocasión cuando llegué al hospital a verlo, al entrar me sorprendió un pequeño arroyo de sangre que atravesaba la habitación. Me sorprendí, no vi al enfermo en su cama, brinque el arroyo de sangre y seguí su rastro hasta el baño. Cuando abrí la puerta me sorprendió ver al paciente muerto junto a un charco de sangre justo enfrente de la tasa, se veía como si el enfermo hubiera estado sentado en la tasa y en ese momento se le hubiera venido el vomito de sangre y que no alcanzo a llegar al lavabo. Cuando pregunte a las enfermeras que había pasado me dijeron que había muerto, y yo supuse que había sido por la Siliconosis y Tuberculosis que padecía, entonces fui a la residencia y redacte una nota informando de la causa de muerte del paciente y la anexe al su expediente. Cuando había terminado el turno y me disponía a irme le dije a mi compañero: -adelante tú, yo voy a despedirme de la enfermera. No era común que yo me despidiera de la enfermera, no éramos amigos, la enfermera no era guapa, era una vieja enfermera mañosa que pasaba muy poco tiempo en el hospital que solo buscaban hacer antigüedad para retirarse, pasaba 3 días en el hospital y después pedía permiso, enviaban una enfermera suplente y dejaba de ir por 6 meses o 1 año. Así que ¿Por qué regrese a despedirme de ella? Cuando llegué le dije a la enfermera –Ya me voy, pero si me necesita me puede encontrar en la Residencia de Doctores. ¿Dónde más puede estar Doctor si no es en la Residencia de Doctores? ¡Era obvio! –Muy bien Doctor- Me respondió la enfermera. La enfermera estaba ya preparando al cadáver cuando vi que sus calzoncillos estaban negros, me sorprendió bastante y pedí a la enfermera que le quitara los calzones para ver de qué se trataba, la enfermera que era ya vieja y experimentada de un solo jalón le quito los calzoncillos al cadáver y dejo al descubierto el excremento con sangre.
Los doctores sabemos bien lo que esto significa, el paciente no había muerto por una hemorragia en los pulmones, había muerto por un fuerte sangrado en el estomago. Fui rápidamente al expediente, tome la nota que había escrito y la rompí en mil pedazos, me dispuse a escribir una nueva nota indicando la causa de muerte del paciente. ¡Salvado! Si no hubiera regresado a despedirme de la enfermera, no me hubiera dado cuenta y habría arruinado mi prestigio como doctor y habría metido al hospital en serio problema. ¿Qué extraña fuerza fue la que me impulso a regresarme? Un acto completamente atípico y extraño. Entonces pensé que alguien me estaba cuidando y me salvo de cometer un grave error que hubiera perjudicado mi carrera Medica. El cuerpo del paciente fue llevado al Anfiteatro y fui a la autopsia, cuando abrieron el estomago del paciente, estaba completamente lleno de pequeñas ulceras, como si alguien le hubiera picado con un lápiz.